El financista Ernesto Clarens logró ser aceptado como arrepentido por Bonadio

La novela de idas y vueltas que tuvo como protagonista al financista Ernesto Clarens acaba de tener el final que él esperaba: tras varias negativas por considerar que el aporte de información que hacía para la causa de los cuadernos era insuficiente, este jueves al mediodía el juez Bonadio finalmente homologó el acuerdo de Clarens con el fiscal Stornelli, que lo convierte -ahora sí- en otro “imputado colaborador” en al causa de los cuadernos.

Pese a que había declarado dos veces con Stornelli, a Bonadio no lo convencían los datos aportados por Clarens, a quien consideraba reticente. La semana pasada, esta mirada también había ganado el ánimo del fiscal, que anuló el primer acuerdo firmado con el financista y el viernes pidió su detención. El pedido de prisión preventiva, lo condujo a ampliar sus dichos esta semana y volvió a declarar hasta llegar a un nuevo acuerdo con el fiscal.

El financista Ernesto Clarens logró ser aceptado como arrepentido por Bonadio. Tras su tercera declaración indagatoria, el juez finalmente homologó el acuerdo que había firmado el fiscal Stornelli. Foto. Maxi Failla

El financista Ernesto Clarens logró ser aceptado como arrepentido por Bonadio. Tras su tercera declaración indagatoria, el juez finalmente homologó el acuerdo que había firmado el fiscal Stornelli. Foto. Maxi Failla

Esa confesión es la que terminó aceptando el magistrado, cuya firma era necesaria para que Clarens se incorporara a la extensa lista de imputados colaboradores que el expediente tiene: suman 18 y la mayoría de ellos son empresarios.

Así y todo, quedaron algunos aspectos por precisar para el Juzgado: cifras de dinero involucradas en las operaciones, “resultan inferiores a los valores estimados”, indicaron fuentes judiciales a Clarín. Asimismo, algunos aspectos del circuito financiero aplicado para la exteriorización de millones de dólares.

¿Qué aportó? En principio explicó cómo eran las operaciones financieras en las que intervino su empresa Invernes SA, las maniobras realizadas en Santa Cruz para mover del dinero -aunque las cifras proporcionadas siguen siendo analizadas-. Además, contó qué empresas participaban en la estructura de sobornos: en este punto su relación con José López y su desenvolvimiento en el rubro de la construcción, fue de los aspectos que más detalló, según precisaron a Clarín.

Por otro lado, se refirió a la relación de Néstor Kirchner y Lázaro Báez y cómo se utilizó a Austral Construcciones en el sur “para garantizar el flujo de dinero con las certificaciones de obras” y allí deslizó que el empresario K con su firma insignia, no pagaba coimas, “estaba para otra cosa”: el cobro de certificados para obras que no se concluyeron y a las que se les aplicó un sobreprecio del 65%.

La causa de los cuadernos investiga una estructura de sobornos que durante el gobierno kirchnerista, eran recaudados de empresas contratistas del Estado, una maniobra “montada desde el Gobierno” que -según los números que analiza la Justicia-, llegó a mover en fondos ilegales más de 200 millones de dólares. Para las operaciones, se utilizaron financieras y diversas empresas. De allí se desprende uno de los principales aportes de Clarens.

El juez quería tener sobre su escritorio datos precisos sobre operaciones financieras, información sobre cifras que fueron parte de la maniobra investigada, cuentas utilizadas y responsables no sólo de mover los “fondos ilegales sino también cómo se distribuían las órdenes”, para dar orden a la estructura que habría permitido “exteriorizar millones de dólares”.

El financista Ernesto Clarens logró ser aceptado como arrepentido por Bonadio. Tras su tercera declaración indagatoria, el juez finalmente homologó el acuerdo que había firmado el fiscal Stornelli. Foto. Maxi Failla

El financista Ernesto Clarens logró ser aceptado como arrepentido por Bonadio. Tras su tercera declaración indagatoria, el juez finalmente homologó el acuerdo que había firmado el fiscal Stornelli. Foto. Maxi Failla

En este sentido, según pudo reconstruir este medio, el financista K mencionó a Néstor Kirchner y admitió las maniobras ya corroboradas por los dichos de otros “arrepentidos”, que consisten en el “cobro de coimas a diferentes empresas” contratistas del Estado. Fue allí donde admitió que él no sólo aportaba la “estructura financiera” sino que también tuvo un “rol de recaudador”, sobre todo con aquellas constructoras que terminaban acordando con José López.

La Justicia bajo esta misma línea de argumentos, investiga la relación de Clarens con José López. Este último, aceptado como “arrepentido”, señaló que como ex secretario de obras públicas era el responsable de recaudar dinero de las contratistas del Estado que recibían obras de infraestructura.

El rol de Clarens era más complejo: lo que cobraban de las empresas de la construcción era convertido a dólares “en sus propias financieras y de allí lo sacaban del país”. López “hacía más la cobranza”, el financista K “armaba la estructura financiera para exteriorizar millones de dólares”.

Según pudo saber Clarín, la comisión que cobraba Clarens por estas operaciones iban del 10 al 20%, y parte de ese dinero lo sacaba hacia Uruguay.

Este diario contó que el financista K realizó 91 viajes relámpagos a dicho país en barcos privados, que se intensificaron en 2008 mientras seguía operativa, más que nunca, su financiera Invernes SA, investigada en “la ruta del dinero K” por lavado de dinero y ser funcional a Báez para el blanqueo de dólares.

“Clarens tenía línea directa con José López, y ambos eran quienes hablaban con las constructoras para la recaudación”, indicaron fuentes judiciales.

La situación del financista, ahora convertido en imputado colaborador sigue siendo compleja, ya que enfrenta nuevas pruebas contundentes en la causa de los cuadernos de las coimas. Una es el cobro de un “soborno con factura” y  otro pago negro de 50 millones para Lázaro Báez.

Además, la confesión de empresarios, como Juan Chediack de la constructora José J. Chediack, que lo colocaban en el rol de recaudador de las coimas y no solo “cambista” como admitió él. Estas confesiones están sumadas a sus sospechosos y frecuentes viajes en lanchas rápidas a Carmelo, Uruguay, y al “préstamo” de 250 millones de pesos que hizo a Austral Construcción y Gotti, las empresas de Lázaro Báez, entre otros indicios que muestran que oculta más de lo que confesó.

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