Cómo Gorillaz busca romper los estándares de un show pop

"Helloooo? Is anyone there?!" Así empezaba El día de los muertos, la película de George Romero de 1985, con el grito desolador de un sobreviviente en una ciudad comida por los zombis, mientras el machaque de una guitarra eléctrica aumentaba la tensión. Así también cerraba el disco debut de Gorillaz de 2001: "M1 A1" se armaba sobre ese sampleo y derivaba en una marcha obsesiva que podría haber sido parte de Trainspotting. El hecho de que Gorillaz lo elija para abrir los shows de Humanz tiene lógica no sólo por su cita autorreferencial ("Gorillaz got the bass drum/ Gorillaz say I want some"), sino por la premisa de fiesta apocalíptica que inspiró el disco. Sobre ese fondo oscuro, Damon Albarn aparece en el Meadows Music Festival de Nueva York vestido como si saliera a pasear al perro por Latimer Road, con la guitarra delante de él y un gesto de hastío que también es una marca, una vindicación estética de su pedigrí británico, ese no-me-rompan-las-pelotas que tan bien encarna Liam Gallagher. Sólo que en el caso de Damon la cosa es más ambigua: el frontman de Gorillaz alterna la sedación de "Busted and Blue" (otra preciosa balada fantasmal) con movimientos volcánicos propios de un show de Blur.

"Voy a tratar de dar un pasito atrás", le decía el cantante a RS un día antes, proyectando el resto de una larga gira que lo llevará a recorrer Sudamérica ("¿Te puedo hacer una pregunta? ¿Cómo es Paraguay?"). Luego se explayaba sobre su rol en esa entidad mutante de la que es frontman y director de orquesta: "Voy a intentar que todo el espectáculo respire un poco más. Quiero volver un poco a las sombras. Voy a tratar, no es fácil".

Estuvo mucho tiempo intentando "enganchar" al público, dice, y quizás se pasó de rosca. La idea de Gorillaz era perder la forma humana detrás de los personajes, y tal vez se dio el proceso inverso: 2-D, Murdoc, Noodle y Russel se han ido humanizando en su estadía en el mundo físico. Por otro lado, siempre está buscando algo más. "Ahora me quiero dedicar a revisar detalles musicales, hacer el concierto un poco más disonante", dice. "Es un poco arriesgado en un festival, porque en el proceso podría perder al sector de la audiencia menos partidario, pero espero que el efecto final de todo eso -convertir el show más en una experiencia y menos en un 'ey, miren qué buen frontman soy'- dé resultado. De todas formas, es muy fácil que todas mis intenciones se diluyan en el momento en que me enfrente a 50.000 personas. Pero voy a tratar de controlarme."

En septiembre, Gorillaz cerrando una fecha del Meadows Music Festival, en Nueva York.
Foto: Taylor Hill / Getty Images for The Meadows Music

El show se apoya en visuales fantásticas, pero técnicamente no difiere de cualquier concierto de rock de primer nivel. Lo que se ve en escena no es realidad virtual, sino un ensamble poderoso de rock y soul futurista. No hay, en esta gira, nombres rutilantes como los ex The Clash Mick Jones y Paul Simonon (estables en la gira de Plastic Beach), pero el guitarrista Jeff Wootton y el tecladista Mike Smith son los escuderos de platino de Albarn, más allá de los coristas.

El show se cocina primero en una atmósfera lúgubre, a ratos hipnótica. Es raro y estimulante ver un cierre de festival mainstream cruzado por ese ánimo arty y experimental. Pasada la primera media hora, en la que flotan las melodías de "Saturnz Barz" (con el jamaiquino Popcaan en playback audiovisual), "Rhinestone Eyes" y la enorme "On Melancholy Hill", entre otras, Albarn dice "ahora vamos a levantar un poco", y empiezan a caer los invitados. En el caso de Nueva York, fueron muchos y estelares: Pusha T en "Let Me Out", D.R.A.M. en "Andromeda", De La Soul para "Feel Good Inc.", Peven Everett en "Strobelite", Mos Def en "Stylo"… D.R.A.M. también se sumó con Jehnny Beth (de Savages) para una gran versión ciberpunk de "We Got the Power", y todo terminó con "Clint Eastwood" ejecutada junto al rapper de la grabación original, Del tha Funkee Homosapien. Pero más allá de ese juego de globetrotters del r&b, siempre está el ideólogo al mando. "Muéstrenle su amor a uno de los grandes entertainers del mundo… ¡Mr. Damon Albarn!", dijeron los De La Soul al final del concierto. Un día antes, él reflexionaba: "Si sólo dependiera de mí, cambiaría el show todas las veces, pero eso requiere de un nivel de concentración altísimo de todas las partes. Si fuera por mí todo sería más azaroso, más… chamánico. No quiero ser estándar, quiero ser otro".

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